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Cañada de Gómez

CIUDADANOS

9 de noviembre de 2022

Federico Montani se manifiesta enojado con el Concejo porque el proyecto presentado perdió estado parlamentario

Hizo uso de la banca ciudadana en abril de 2021 con la finalidad de cambiar de nombre a calle Presidente Roca por Osvaldo Bayer. El proyecto pasó a comisión y no tuvo dictamen. Tras perder estado parlamentario debería volver a presentarlo. En este artículo deja expresado lo ocurrido y algunas consideraciones sobre los ediles y el legislativo local

Opinión.

Por Federico Montani

 

¿Y? AL FINAL… ¿EN QUÉ QUEDAMOS?

Tal como reza el título, le pregunto al “Honorable” Concejo Deliberante de Cañada de Gómez y a todos los concejales cañadenses: ¿Y? Al final… ¿En qué quedamos?

 

El pasado jueves 8 de abril del pasado año 2021 a las 10:00 de la mañana me presenté en el concejo deliberante de Cañada de Gómez ante todos los concejales cañadenses a través de la banca ciudadana para presentar y exponer un proyecto de ordenanza de mi autoría para cambiar el nombre de la calle Julio Argentino Roca por el nombre de Osvaldo Bayer.

 

Para esto, previamente tuve que solicitar formalmente el uso de la banca ciudadana, cosa que hice, y a las dos semanas de haberlo hecho, me llaman del concejo deliberante de Cañada de Gómez para informarme que me había sido concedido el uso de la banca ciudadana por unanimidad, es decir, todos los concejales cañadenses estuvieron de acuerdo con mí solicitud formal para el uso de la banca ciudadana. Hasta aquí todo de maravilla, como si se tratara del más dulce de los sueños. Pero, como dice el viejo dicho: “No todo lo que brilla, es oro”.

 

También, en ese interín entre que solicité formalmente el uso de la banca ciudadana y esperaba una respuesta del concejo deliberante, me puse en contacto con una de los concejales, Carina Mozzoni, para preguntarle qué opinaba al respecto y de ser favorable su opinión, pedirle su apoyo político. Cosa que hice y ella me respondió diciéndome que estaba de acuerdo y que por consiguiente estaba a favor y que me iba a dar su apoyo político.

 

Es más, Mozzoni me dijo que mi proyecto de ordenanza era histórico ya que no había precedentes al respecto y que era una puerta para cambiar los nefastos nombres de otras calles del pueblo, como Lavalle, Rivadavia, etcétera. Carina, que nunca se caracterizó por ser revolucionaria, sino, justamente, todo lo contrario, de repente se había convertido en la Che Guevara con pollera.

 

La realidad supera a la ficción…

En una presentación y exposición de alrededor de 1 hora de duración, presenté y expuse mi proyecto de ordenanza al dar lectura completa del mismo y, además, argumenté, fundamenté y expliqué las razones y los motivos por los cuales se debe cambiar el nefasto nombre de esa calle por el nombre de alguien que verdaderamente, lo merezca. Y como reemplazo al nombre de Julio A. Roca propuse el nombre de Osvaldo Bayer, por ser este el que, a través de su profesión, oficio y trabajo de historiador, investigador, periodista y escritor, desenmascaró a Roca y mostró lo que realmente fue, un genocida.

 

Y también, como tributo y homenaje a Osvaldo Bayer a raíz de su muerte el 24 de diciembre de 2018, a los 91 años de edad. Al terminar con la presentación y la exposición de mi proyecto de ordenanza, todos los concejales en pleno me aplaudieron y cuando digo todos, es todos.

 

Y no satisfechos con eso, para no ser menos o, mejor dicho, para ser más, dos de ellos pidieron la palabra para halagarme y elogiarme, siendo estos dos: Carina Mozzoni y Franco Mazzoli. Una, peronista, kirchnerista, ex cléricista o, como me gusta decir a mí, una cléricista “arrepentida” y el otro, un macrista reciclado disfrazado de “liberal” y/o “libertario”.

Es decir, dos sujetos que están en las antípodas, no solo de mi proyecto de ordenanza, sino de mi persona. A lo que pensé en ese momento: ¿Y a estos que les pasó? ¿Se convirtieron o me están falseando?

Sin duda alguna, era lo segundo…

 

Una vez concluida la sesión, mi proyecto de ordenanza pasó a estudio de comisión donde se debatiría entre todos los concejales y se votaría. De aprobarse: misión cumplida. Y de reprobarse: hice lo que pude, Osvaldo. Después de aquel día, no recibí respuestas del concejo deliberante ni de ninguno de todos los concejales que en aquella jornada particular me aplaudieron como si fuera el Papa. Entonces, empecé a ir al concejo deliberante una vez por mes a preguntar cómo iba el asunto, a lo que la secretaria del concejo, Georgina Tenis, visiblemente nerviosa, con una incomodidad notable y con una cara de piedra imposible de disimular, me respondía de manera evasiva, imprecisa, esquiva y ambigua, con nítida incertidumbre argentina.

 

Parecía como si estuviera guionada, como si le hubieran dicho que responderme. Cuando me cansé de ir a perder el tiempo, volví a contactarme con Carina Mozzoni para preguntarle en que había quedado todo, dado a que antes ella me había dado su favorable opinión y su apoyo político. Y, oh sorpresa, Mozzoni me responde exactamente de la misma manera en que me respondió Tenis todas las veces que fui al concejo.

 

Es más, Mozzoni fue aún más lejos que Tenis, ya que, por si fuera poco, se hizo la desentendida, como que no sabía nada y me dijo que lo único que ella podía hacer era presentar una moción en el concejo para que me llamen y que me presente, nuevamente, otra vez, en el concejo deliberante para hablar con todos los concejales, a lo que le dije que eso no hacía falta porque el proyecto ya había sido presentado, expuesto y explicado, con lujo de detalles, como para que no quedaran dudas al respecto, solo tenían que debatirlo y si estaban de acuerdo lo aprobaban y si estaban en desacuerdo lo desaprobaban, nada más que eso.

 

También, me crucé por la calle con otro de los concejales que al mismo tiempo es el presidente del concejo deliberante, Marcelo Casalegno. A lo que le pregunto cómo iba la cuestión y él, apurado, nervioso, incomodo y con la cara más dura que vi en mi vida, me responde: “Sí, quédate tranquilo. Ahora cuando pasen las elecciones, le damos para adelante y lo aprobamos”. Refiriéndose a las pasadas elecciones legislativas nacionales, provinciales y municipales del pasado año 2021.

Pasaron dichas elecciones y el proyecto de ordenanza siguió cajoneado…

 

Pero, como no está muerto quién pelea, seguí insistiendo y pasadas dichas elecciones me puse en contacto con Marcelo Casalegno preguntándole lo mismo que le pregunté aquella vez en la que tuvo el infortunio de cruzarse conmigo por las calles del pueblo. A lo que me respondió: “El concejo entró en receso, estamos de vacaciones, cuando volvamos, te aviso”. Y esa fue la gota que rebalsó el vaso.

 

Entonces, procedí de acuerdo con las buenas costumbres y los mandé a la mierda. Pasó un año y al cumplirse exactamente un año de presentado y expuesto un proyecto de ordenanza, si no fue debatido y votado, automáticamente pierde estado legislativo. Es decir, caduca, se vence. Y para ingresarlo nuevamente, habría que volver a solicitar formalmente el uso de la banca ciudadana, que los concejales lo vuelvan a conceder y de ser así, volver a presentarse en el concejo deliberante para exponer otra vez el mismo proyecto de ordenanza.

 

Podría volver a hacerlo, pero… ¿Para qué?. ¿Tan estúpidos son los concejales que necesitan que se les lea dos veces lo mismo?. ¿Y para que vuelvan a hacer exactamente lo mismo? No, gracias. Si hay algo que no me gusta, es perder el tiempo y estos orates me han hecho perder bastante.

 

Y no escribo esto porque no aprobaron el proyecto de ordenanza, escribo esto porque no hicieron su trabajo, escribo esto porque no hicieron nada, absolutamente nada. Ni lo votaron, ni lo aprobaron, ni lo reprobaron, nada, absolutamente nada. Lo cajonearon, lo dejaron bajo el manto de la indiferencia, lo dejaron bajo la sombra del olvido.

Por eso escribo esto…

¡Ojalá lo hubieran rechazado! O mejor dicho… ¡Ojalá hubieran hecho algo!

Por todo esto, he llegado a la conclusión lógica, racional, empírica, objetiva y del sentido común, que todos los concejales cañadenses, sin excepciones ni salvedades de ningún tipo, en especial y en particular, Carina Mozzoni, Marcelo Casalegno y Franco Mazzoli, son unos ignorantes, mediocres, sinvergüenzas, caraduras, falsos, hipócritas, mentirosos, cínicos y cobardes, unos buenos para nada que no sirven para otra cosa más que para ser parásitos. Eso es lo que son, parásitos. Sujetos frustrados y fracasados que encontraron un salvavidas existencial en la politiquería pueblerina. Me compadezco de ellos, en el fondo me dan pena y lástima. Porque lo que natura no da, Salamanca no presta. En fin, el proyecto de ordenanza sigue durmiendo en los cajones del edificio de calle Ocampo…

 

"Ya es bastante difícil conseguir que un pequeño ayuntamiento cumpla los deseos de un pueblo pequeño, incluso cuando los ciudadanos se encuentran con los concejales todos los días en la calle y pueden patearlos por la calle si quieren”.

G.K. Chesterton

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