Fue vetado el proyecto cultural Vibra Cañada

En los argumentos se esgrimen cuestiones políticas, económicas y de potestad del concejo

 

Redacción En el Recinto. El Departamento Ejecutivo vetó la puesta en marcha del ciclo de recitales Vibra Cañada que había obtenido aprobación por mayoría y que busca fortalecer el tejido cultural de la ciudad, promoviendo la participación de la comunidad y brindando un espacio de encuentro para el disfrute de la cultura y música local.

“Destacamos la importancia de la cultura local al proporcionar espacios para la presentación de bandas locales en vivo. Buscamos promover y celebrar la diversidad artística de la ciudad, fomentando la cooperación activa del Municipio para con las propuestas musicales de la Ciudad”, manifestó la autora del proyecto, Carina Mozzoni.

En uno de los párrafos de la argumentación del veto se manifiesta que la Ordenanza en cuestión “afecta directamente el equilibrio presupuestario, en tanto ha omitido contemplar el origen del incremento dispuesto del 20% destinado a la Secretaría de Cultura y Ambiente, para compensar la detracción que para el Municipio implica dicho incremento, en el concepto de recursos previstos ab initio para hacer frente a los gastos ya proyectados presupuestariamente; y por ello, adolece de un vicio que la descalifica como tal”.

En los argumentos también se enuncian cuestiones partidarias o de modalidades de gestión que ya no son habituales: “La cultura es convivio y para ello se requiere de proyectos colectivos destinados a salir a producir lo común y no solamente recepcionar y ser espectador aplaudiendo a los que piensan igual y marginando a los que no. Es por ello que no se comparte lo dispuesto por el art. 6 de la Ordenanza que crea una comisión conjunta con integrantes con la agrupación de artistas cañadenses, que tendrían como objetivo principal preparar los cronogramas de eventos para elevarlo a la Secretaría de Cultura y Ambiente”.

En otro párrafo remarca que “La nueva gestión a cargo ha venido trabajando en cultura con la imperiosa necesidad de propiciar políticas públicas basadas en la equidad y la posibilidad de expresión, evitando roces, egos y banalidades tratando de ocupar lugares por sobre otros con mayores privilegios y exigencias como se vino haciendo en los últimos tiempos, donde se cedían privilegios a unos pocos y se recortaba en otras esferas importantes a mirar. Exigir estos parámetros nos corre de la idea de un hacer diferente con los recursos, más austero, diversificado y polimodal”.

Siguiendo con un tono de respuesta netamente política remarca: “Este tipo de ordenanzas demuestran una vez más que quienes la suscriben tienen poco margen de flexibilidad y en lugar de acompañar las formas transitivas que están emanando en la ciudad, insisten con lo único que conocen y promulgan como válido”. Para finalizar: “Entender la cultura desde el fragmento es condenarla a la repetición y la falta de metáfora y novedad. Insistir con un solo modo de hacer cultura es además de soberbio, desconocer todo aquello que emerge y requiere recogerse en la escucha”.

 

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